SOBRE MÍ

MIGUEL ÁNGEL RUBIO SÁNCHEZ 

Mi infancia.



Nací pocos días después del fallido golpe de estado, en el año 1981, en un lugar en el que no está ni descansa, debido al vertiginoso éxodo rural, mi amada patria. A los pocos meses de mi nacimiento, mi familia tomó la certera y crucial decisión de realizar el viaje a la semilla, a su génesis, a Lezuza, un pueblo de la provincia de Albacete vapuleado incesantemente por el tiempo, en el que transcurrió y se desarrollo la película de mi vida sobre el devenir temporal, hasta que me marché a cursar estudios universitarios. Lezuza compaginaba en su alma la dualidad de la contradicción: por un lado, tenía esos lugares que rezumaban nostalgia, propios del inmovilismo del paisaje castellano, vestida de ese fino encanto melancólico y de evasión mística; por otro lado, siempre aunó y ligó el futuro a la resurrección del pasado, pero el presente se convirtió en la cruel certeza de un futuro agónico. Por su calles, donde se puede palpar la pátina del tiempo, cuando paseo siempre puedo respirar los silencios que para mí son y han sido tan comunicativos. Sin Lezuza, nunca habría habido creación.

Cursé los estudios primarios  y de EGB en el Colegio Público Virgen de la Cruz, actualmente CRA Camino de Aníbal. Tuve el privilegio de asistir a las clases del profesor D. Ángel Munera Martínez, excelso profesional donde los haya, y otros nombres que, como él, se afanaron en sembrar y cultivar cultura en el páramo de La Mancha. D. Ángel Munera fue para todos un ejemplo real del trabajo bien hecho. Mientras los acontecimientos se sucedían siempre de manera pausada, tuve la suerte y dicha de crecer libre, tranquilo y, en cierto modo, creo que fue en esos años donde aprendí a pensar escuchando y viendo el ejemplo de la naturaleza dadivosa. No obstante, el adjetivo contemplativo es prematuro para acuñarlo como marbete que explique esta época. Lo que sí quiero dejar indeleble es que, en este punto de mi existencia, Lezuza me enseñó a respirar el tiempo de manera pausada y rotativa, a comprender que el ciclo de la vida es infinito y que se repite, porque ya existió, hasta lo inmemorial e infinito.


Mi adolescencia


De mi familia, ejemplo de superación donde los haya, aprendí el sentido de la lucha esmerada y del trabajo pulcro. No concibo nada que no implique batirme en duelo con mi circunstancia. Siempre me he esforzado por una superación perenne y perpetua. Por todo lo mencionado, estudié la etapa de Bachillerato con decidida dedicación en el IES Las Sabinas, de El Bonillo. A día de hoy recuerdo aquella etapa no como algo traumático, sino como algo puro en el que yo ya tenía claro lo que quería hacer con mi vida y ser, para mí y para los demás. Durante esta etapa mi influyeron notoriamente dos profesoras: Mercedes Molina Alarcón, de Lengua Española, y Mª Carmen Navarro Navarro, de Latín, porque, aparte de su apoyo y de la confianza depositadas en mi persona, me posibilitaron el entendimiento de la realidad desde un prisma ciertamente caleidoscópico. Yo, aquí, en esta cala en la eternidad, ya era un lector decidido de una temática amplia. He de señalar aquí, en este punto de mi vida, que también fui músico durante 11 años en la Banda Municipal de Música de Lezuza, porque esto tendría su potencial aprovechamiento para la creación poética.

Fue durante este periodo de tiempo, concretamente en los periodos estivales, ahora memoria cifrada, cuando mis padres tomaron la feliz decisión de mandarme a trabajar  a las faenas que demandaban los campos de mi pueblo, y eso es algo de lo que siempre les estaré agradecido, porque me permitió madurar más rápidamente: aprendí en qué consistía el sacrificio, y me sentía afortunado porque yo tuve la posibilidad de elegir un mundo mejor, o al menos de hacer un esfuerzo porque así fuese.

Mi años de universitario.



Cursé, con plena alegría y pura satisfacción, el primer ciclo de la Licenciatura en Filología Hispánica en la Facultad de Letras de Ciudad Real, y el segundo ciclo de la ya mencionada Licenciatura lo cursé, con una energía y fuerzas certeramente renovadas, en la Facultad de Letras de Murcia, donde finalmente me licencié. Allí, aparte de toda una nómina de sabios excelsa, la vida me brindó el deleite de poder asistir a las clases de Vicente Cervera Salinas y José María Pozuelo Yvancos, LITERATURA en mayúsculas donde las haya. También fue allí donde conocí a Eloy Sánchez Rosillo y empezó nuestra amistad.

Murcia fue fundamental para la creación literaria: me lo dio todo. El  cruce y choque brutal de dos manera de aprender y de luchar con el tiempo  (la de Lezuza, lenta y parsimoniosa; la de Murcia, por su lado, bulliciosa y repleta de vida, con sus pertinentes opacidades e intersticios) me enseñó el camino clave para la búsqueda del yo entre los abismos caducos de sombras. Pero no sólo me dio esto, sino que me donó los mejores años de mi vida: fueron los años de la trilogía feliz (los dos poemarios y la novela) con la coronación del ensayo, fueron las fechas heurísticas del advenimiento de la verdadera amistad, fueron los días del sueño y la excitación que se siente cuando ves publicados tus primeros poemas, fueron las noches, siempre resucitadas en la memoria, de tertulias literarias que se apagaban con la llegada del día, fue el pasear sobre la historia, fue dar vida a los seres de papel y ficción, de deseo e ilusiones quebradizas que se gestaron en mi espíritu..., aunque también fueron años de trabajo intenso y no siempre en las mejores condiciones. Ante el umbral de triunfo y reconocimiento, tanto académico como literario, que respiraba a mi alrededor, que palpaba en aquel verdor de los veinticuatro años, decidí tomar una ética muy responsable y nunca dejé que el éxito empañase la percepción de la realidad, porque igual que se podía estar arriba, también se podía estar abajo. Nunca participé, por los motivos reseñados, en ningún premio literario y nunca, ni ahora ni en aquellos momentos, escribí por dinero, ambición o fama. El dinero es el primer medio que el hombre tiene en su mano para hacerse un esclavo. Además corrompe la pureza de la literatura.

Del 2005 al 2012.

Empecé a escribir de manera altruista, siempre fiel a mi manera de entender la pureza de la literatura, como columnista en en el periódico El Pueblo, de Albacete, primero en la columnas reservadas para colaboraciones externas a la entidad y, posteriormente, en el suplemento cultural. El no ser esclavo del dinero me permitió crear textos de temática  libre y atemporal, cuando la sagrada inspiración así lo dictaminaba. Por aquel entonces era profesor de Enseñanza Secundaria en el IESO Bodas de Camacho, aunque en mi época de interino ejercí la docencia en otros centros (públicos y privados), por ejemplo: Colegio CEDES, de Albacete: el IES Andrés de Vandelvira, de Albacete; el IESO Pascual Serrano, de Alpera y el CEPA Castillo de Almansa, en Almansa.

A día de hoy centro mi actividad creativa en el ensayo y la crítica literaria, aunque estoy decididamente tentado, si las circunstancias así me lo permiten, a volver a la novela. El poeta murió en el año 2005, aunque algo de él sobrevive en mi prosa y, afortunadamente, en mí.


  (las imágenes de la Universidad de Murcia, el cuadro de la Plaza Mayor de Lezuza y el paisaje del Río Lezuza no son mías, sino que las he tomado de internet).


Del 2012 (Motilla del Palancar) al 2018 (La Roda).





Son los años del Máster en Literatura Comparada Europea, en la Universidad de Murcia, desplazándome desde Motilla del Palancar hasta el ya citado enclave tres veces por semana –al terminar las clases–, para poder cursarlo al ser de naturaleza presencial; también acaeció en este periodo la primera etapa de la tesis doctoral sobre un poeta español contemporáneo, dentro de un programa de doctorado internacional, los sucesivas consecuciones de los niveles de italiano, o la publicación de Mi yo eres tú: ensayo novelado sobre la otredad en la creación literaria en hispanoamérica, con prólogo de Ángel Piqueras Larrey y portada de Yolanda Gema Arjona Sierra, que lo utilizan ciertos opositores como un manual  de repaso fundamental de los conceptos vistos en la Licenciatura de Filología Hispánica; también fue el tiempo de la reedición homenaje de la novela, Amor en pretérito eterno, cuando se cumplían dos lustros desde que vio la luz, aunque esta vez incluía un estudio preliminar de Rafael Escobar Sánchez y portada de María José López Cerro, y de la publicación del libro más importante que hasta la fecha he entregado a imprenta: Geografía de la luz: poesía última de Eloy Sánchez Rosillo, con prólogo de Vicente Cervera Salinas e ilustración de María José López Cerro, en la editorial Chamán.



La publicación de este trabajo trajo parejas las entrevistas en televisión, en prensa nacional, en prensa local, en medios digitales, con entrevista capotiana practicada por el crítico Toni Montesinos. Con él, en el circuito de presentaciones, fuimos a Madrid, Murcia, Cartagena, Albacete, La Roda... Gracias a este ensayo he descubierto, nuevamente, que hay mucha gente que me aprecia y  estima, y que, paralelamente, el devenir ha tenido a bien que halle buenas personas en esta singladura. Todos los pasos me han conducido hacia la elaboración de esta obra. Sin embargo, soy consciente que éste será otro peldaño para la superación y para seguir gestando en la sombra, para seguir compartiendo el don que me ha sido dado de poder entender la poesía y compartirla a través de la crítica. Son datos éstos que relatan el trabajo y el sacrificio (valores que estimo, en los que creo y que en esencia definen a la persona que soy). Todas estas consecuciones las hemos fraguado desde la humildad, sin ambiciones ulteriores... 



Finalmente,  de la docencia en Motilla del Palancar, con jefatura de departamento incluida durante un periodo de dos años y el añadido de secretario de la Comisión de Coordinación Pedagógica, diremos que ha sido un lustro de trabajo intenso –y no siempre en las condiciones más óptimas–, con muchos frentes con los que lidiar, que me han incardinado hacia el estoicismo y la ataraxia, me han replegado todavía más hacia el trabajo solitario y denodado, y que me brindaron la suerte de conocer a personas de la talla humana del poeta Rafael Escobar, o de Rosalía Jiménez, Ángel Olmeda, Rafael López (), Fran Pérez, o del controvertido José Luis Grande, con el que viajé durante tres años a diario... También allí he sido testigo de la lucha pertinaz y constante de seres anónimos, con la intención de construir un mundo mejor en unas condiciones distópicas, adversas y animadversas. 


Entretanto, a la vez que ultimo mi tesis doctoral, estoy confeccionando una novela por entregas, en Ecos, sobre un dipsómano, y con ello seguimos lidiando en pro de darle forma. A principios de junio vio la luz en formato códice el primer volumen y doné los beneficios de mis derechos de autor para la restauración del Órgano de la Iglesia Parroquial de Lezuza y para la asociación que ayudó a Manuel con sus problemas con el alcohol. Se presentará en agosto de 2018 y sólo se podrá conseguir, por los motivos reseñados, en Lezuza a través de la Asociación de Amigos del Órgano de la Iglesia Parroquial o del Ayuntamiento de la villa. En el curso 2017 / 2018 ya, por concursillo, me vi regentando la docencia en IES Dr. Alarcón Santón, de La Roda, en casa, lejos de mundanal ruido, de las vanas aspiraciones y de ser señalado por el vano dedo. Modestamente, me siento orgulloso de haber podido formar parte de este claustro de profesores. Seguimos en la brecha... 


Del 2018 (IES Maestro Juan Rubio, en La Roda) hasta ahora.


Con los pies en la tierra y siendo consciente de que soy un profesor –y no un animador sociocultural–, sigo los preceptos de Blas de Otero:

"Enfrente está el futuro: es todo lo que os dejo." (penúltima palabra) y los de Antonio Machado:

"Sabemos que la patria no es una finca heredada de nuestros abuelos; buena no más para ser defendida a la hora de la invasión extranjera. Sabemos que la patria es algo que se hace constantemente y se conserva sólo por la cultura y el trabajo. El pueblo que la descuida o abandona, la pierde, aunque sepa morir. Sabemos que no es patria el suelo que se pisa, sino el suelo que se labra; que no basta vivir sobre él, sino para él; que allí donde no existe huella del esfuerzo humano no hay patria, ni siquiera región, sino una tierra estéril que tanto puede ser nuestra como de los buitres o de las águilas que sobre ella se ciernen.
¿Llamareis patria a los calcáreos montes, hoy desnudos y antaño cubiertos de espesos bosques, que rodean esta vieja y noble ciudad? Eso es un pedazo del planeta por donde los hombres han pasado, no para hacer patria, sino para deshacerla. No sois patriotas pensando que algún día sabréis morir para defender esos pelados cascotes; lo seréis acudiendo con el árbol o con la semilla, con la reja del arado o con el pico del minero a esos parajes sombríos y desolados donde la patria está por hacer." 
(Nuestro patriotismo y la Marcha de Cádiz).

También los de Eduardo Barreiros:

 "La historia de la humanidad es una historia de lucha. Pero no me refiero aquí a los grandes hitos históricos que realizaron grandes hombres, grandes gestas, de forma –digamos- «oficial», sino a esa lucha cotidiana, silenciosa y pertinaz que cada hombre lleva a cabo cada día de su vida."

(Carta de Eduardo Barreiros a Fidel Castro, 6 de mayo de 1991).

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